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jueves, 17 de octubre de 2019

Capítulo II (Tercera parte)


8:30 am y aún no lograba conciliar el sueño, llevaba una semana así, desesperada, sin saber nada de Daniela, fui varios días a su escuela pero no estaba, sus compañeros me dijeron que no se aparecía en clases hace varios días, ellos también estaban preocupados. Incluso llamé a Josefina pero no me contestó el teléfono. La angustia me estaba matando. Pensé incluso en llamar a comisarías y hospitales, llegué a pensar que estaba muerta o que tuvo un accidente ¿pero cómo nadie me iba a avisar? Nooo me repetía, es imposible. ¿Habré hecho algo que le molestó? Me lo estaba cuestionando todo.

Mi mente desvariaba entre todos los posibles escenarios que justificaran su desaparición cuando sonó mi celular. Al ver su nombre en la pantalla sentí una mezcla de alivio, miedo y rabia.

-          Aló. Dije con ganas de llorar.

-          Perdona Agustina, comenzó a balbucear Daniela. Perdóname por no haberte llamado. Continuó.

Me quedé en silencio un momento.

-          Agus, amor, sé que debes estar enojada, te entiendo, yo también lo estaría, pero por favor escúchame, tengo muchas cosas que contarte, estos días han sido terribles. ¿Puedo ir a tu casa?

-          Vente. Respondí con voz seca.

No deben haber pasado más de 20 minutos cuando llegó Daniela, me estaba saliendo de la ducha, aún no me vestía. La hice pasar a mi pieza ya que Vicente aún dormía. Intentó darme un beso pero le corrí la cara, ya a esas alturas la preocupación se había convertido en enojo ¿a quién en su sano juicio se le ocurre desaparecer así? Pero intenté mantener la calma, quedarme en silencio y dejarla hablar.

La historia del repentino amor de Josefina me pareció extraña. Algo está tramando le dije. Daniela ya no sabía qué pensar. Mi primer impulso fue llamarla, insultarla, amenazarla, obligarla a alejarse de mi vida, de mi novia, del bar y de mis amigos, pero no lo hice sólo porque Dani me lo pidió. Sin embargo, una extraña sensación quedó rondando en mi interior.

Durante un par de semanas las cosas se mantuvieron en calma, Daniela se pasaba después de clases a mi departamento, a veces cuando tenía ensayo yo me iba a acompañarla un rato a su escuela que quedaba a algunas cuadras del bar. Luego, según el día me iba a trabajar o juntas a tomar un trago, algo tranquilo y hasta temprano, yo estaba tratando de hacer las cosas bien, de mantener distancia con la cocaína y el exceso de alcohol, lo que no era fácil debido al “negocio” de Félix, que guardaba en una rejilla de desagüe en la cocina la droga que vendía durante la noche, yo lo ayudaba dividiéndola en bolsas de 1 gramo a cambio de consumo ilimitado.  Obviamente Daniela de eso no tenía ni la menor idea.

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Domingo 10 am

Era primera vez en mi vida que me tocaba conocer a los suegros, la noche anterior decidí quedarme en casa para evitar las ojeras y el exceso de congestión nasal, sabía que no era material de nuera si llegaban a conocerme bien, pero podía fingir, podía por algunas horas ser la joven bien portada y señorita que siempre fui en casa de mis padres, antes de que descubrieran mi lesbianismo y decidieran ocultarme de sus vidas perfectas.

Daniela llegó temprano a mi departamento, sabía que estaba nerviosa y quería evitar que me arrepintiera. Trató de relajarme, hacerme reír, incluso aprovechamos el tiempo para hacer el amor. Sus besos, su piel, su sonrisa, sus palabras y sus caricias eran mi centro, mi piso y mi fortaleza.

Al entrar a su casa me tomó de la mano, caminamos hacia la cocina donde su mamá estaba preparando unas ensaladas, me saludó con ternura mientras yo intentaba disimular los nervios, luego fuimos hacia el jardín interior donde su papá preparaba un asado mientras los gemelos jugaban a la pelota.

-          Papá, ella es Agustina, dijo Daniela.

-          Bienvenida a la familia, contestó él mirándome, espero hagas feliz a mi hija, continuó.

Los gemelos también se acercaron a saludarme. Mientras Daniela sacaba del frigobar a un lado de la parrilla un par de botellas de cerveza. No hubo silencios incómodos, sí varias preguntas acerca de lo que hacía y mis planes a futuro, aunque no tenía muy claro qué hacer con mi vida, les dije que el año siguiente regresaría a estudiar comunicación audiovisual, carrera a la que me inscribí varios años atrás pero que nunca comencé.

Esa noche me quedé a dormir en casa de Daniela, se nos había hecho tarde y sus padres prefirieron que me quedara. Nunca antes me había acostado a dormir tan tranquila y feliz. Esta vez sí las cosas comenzarían a salirme bien.


martes, 15 de octubre de 2019

Capítulo I (Tercera parte)


Las mañanas de Daniela eran ajetreadas, ruidosas y conversadas, sus hermanos gemelos de 14 años, aún con voz aguda desayunaban animados al ritmo intermitente del pitido de sus celulares, eran populares, alegres y de muchos amigos.  Vivían en una de las pocas casonas que todavía quedaba de pie entre los edificios de las calles interiores de providencia. Sus padres que llevaban 25 años de matrimonio parecían amarse como el primer día, él era ingeniero y trabajaba en una empresa constructora, ella psicóloga independiente. Tenían una única y gran regla, los desayunos y la comida de la noche debían ser siempre en familia.

Sin embargo, esa mañana Daniela estaba más callada de lo habitual, se le veía triste y pensativa. Su madre le preguntó si extrañaba a Tomás, ella le contestó que no con un gesto de cabeza sin levantar la vista de su tazón de café con leche. Ambos padres se miraron desconcertados, los adolescente alzaron la vista hacia su hermana por un segundo, para luego regresar a sus celulares. El padre los apuró, estaban atrasados para ir al colegio.

-          ¿Te dejo en el metro Daniela?, le preguntó.

Ella nuevamente negó con la cabeza. La familia se puso de pie para dar inicio a sus actividades diarias, Daniela permaneció inmóvil. Tras despedirse de todos la madre regresó a la cocina, se sentó al lado de su hija en el comedor de diario. Acarició su mano.

-          ¿Qué te pasa Dani? preguntó.

Daniela sintió un impulso incontrolable de contarle todo, de Agustina, de la conversación que había tenido hace algunas noches con Josefina, del miedo incontrolable que estaba sintiendo de quedarse sola, de que no la aceptaran, de perder a sus amigas (aunque ya varias se habían alejado tras la noche en que la Jose la descubrió con Agus). Pero se contuvo por un momento.

-          Hija ¿extrañas a Tomás? ¿Por qué terminaron si se querían tanto? ¿Fue por la distancia? Continuó su madre.

Daniela ya no podía seguir así. Juntó fuerzas, respiró profundo, levantó la vista hacia su madre y comenzó a hablar.

-          No es por Tomás mamá, es porque lo que te dijo Josefina es verdad. Disculpa por haberlo negado, por haberte mentido, es que tenía miedo mamá, tenía miedo de que dejes de quererme, de que me miren distinto o me echen de la casa. Dijo con los ojos llenos de lágrimas.

La madre estaba muda, atónita, se había auto convencido de que la historia de Josefina acerca de su hija teniendo una relación con su pareja era mentira. Quizás era lo más fácil de creer. No hay nada más poderoso que la auto negación.

-        Intenté alejarme de ella, te lo juro mamá. Pero no pude, estoy enamorada, y no sé qué hacer porque me estoy quedando sola. Le dijo llorando. Y más encima el otro día Josefina me dijo que está enamorada de mí y  es mi mejor amiga ¿qué hago mamá? Continuó.

Muy al contrario de lo que se imaginó Daniela tras la reacción anterior de sus padres que terminó en gritos y discusiones por varios días, ahora su madre simplemente la abrazó, besó su frente y le dijo que nunca estaría sola porque los tenía a ellos. Le pidió que le contara a su padre y le prometió que todo estaría bien, que contaba con su apoyo y el de la familia.

-          Y respecto a Josefina creo que lo mejor es que tomes distancia por un tiempo si no sientes nada por ella. Si estás bien con Agustina no pienses en nadie más. Le aconsejó su madre.

Daniela sentía que se estaba sacando un peso del alma, se secó las lágrimas, abrazó a su mamá, tomó su bolso y se fue a la escuela de teatro. Mientras caminaba hacia el paradero de micro buscó su celular, lo encendió y llamó a Agustina, no hablaba con ella desde lo sucedido con Josefina.


miércoles, 31 de agosto de 2016

Capitulo XIV (final de la segunda temporada)

A la mañana siguiente continuábamos en silencio, no sabíamos que decir, estábamos recién analizando y suponiendo historias venideras acerca de una posible relación entre Andrea y Josefina. Daniela rompió el hielo.

-          Bueno, quizás así Josefina se olvida de sus ganas de destruirte la vida…

Yo sólo la miré mientras me levantaba al baño. No tenía ganas de hablar, igual me dolía pensar en que mi mejor amiga se haya acostado con mi ex, no sé, quizás era solo ego, pero hay códigos que supuestamente no se deben romper.

Vicente que no alcanzó a llegar al baño antes que yo decidió entrar a mi pieza, aún quedaba un punto que aclarar con Daniela, un tema que no lo dejaba tranquilo, se sentó sobre la cama, le dio un beso en la mejilla y comenzó a hablar.

-          Dani, te quería hacer una pregunta, es que hace un tiempo, cuando recién se supo lo tuyo con la Agus te escuché hablando por teléfono, ibas saliendo del edificio y dijiste “ya está hecho, veamos si engancha” ¿A quién fue eso y por qué? Te pregunto porque de verdad no quiero ver sufrir a mi amiga otra vez. Sé que no es ninguna santa pero no quiero volver a verla mal.

Daniela lo quedó mirando en silencio unos segundos.

-          Estaba hablando con Josefina y me refería a Agustina… Vicho queríamos vengarnos de ella por lo que creíamos nos hizo. Pero, eso ya pasó, la Agus ya sabe. No tengo nada que esconder.

Cuando salí del baño estaban sentados conversando, sentí paz y felicidad al ver a mis dos personas favoritas juntas, esa era la vida que quería tener, el mundo que hace tanto tiempo soñaba. Me abalancé sobre la cama al medio de los dos. Pensar que hace menos de un año con Daniela nos hablábamos con  miradas, nos besábamos a escondidas y nos expresábamos como por telepatía y ahora la tenía ahí recostada a mi lado, amándome como desde el día uno yo la amé a ella. Sentía el corazón repleto de felicidad y emoción. Esa mujer de mirada profunda y rasgos estremecedores se había adueñado de mi alma y estaba totalmente segura de que no había vuelta atrás.

Mis pensamientos divagaban en ese amor que conmovía cada centímetro de mi piel cuando sonó el teléfono de Daniela, era Josefina.

-          Contéstale, le dije.

Daniela miraba dudosa la pantalla de su celular hasta que se decidió a contestar.

-          Hola Dani, soy la Jose. Necesito hablar contigo. Juntémonos por favor, le dijo.

Le hice un gesto con la cabeza para que aceptara la invitación de Josefina. Quedaron de reunirse esa misma tarde a las ocho en un restaurante cercano a mi departamento.

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Esa misma mañana en el departamento de Josefina

 Llamó a Daniela encerrada en el baño, no quería que Andrea que aún dormía desnuda sobre su cama la escuchara. Estaba incómoda y confundida. Quería despertarla y pedirle que se fuera. Se quedó sentada un rato sobre la tasa del WC pensando en alguna manera de echarla diplomáticamente.

Al salir Andrea que estaba comenzando a despertar la tomó del brazo y la arrastró hacia ella.

-          Se logró el objetivo, le dijo risueña. Eres bien buena para la cama. De lo que se perdió Agustina, no entiendo cómo te cambió por la otra pava. Aunque dicen que esas son las peores, santas de día y unas putas de noche.

-          Cállate Andrea. le respondió Josefina cortante. No hables tonteras, ese tema no está resuelto todavía.

-          Ok, ok perdón, suelo decir lo que pienso sin filtro.

-          Andrea, en cualquier momento llegan mis papás de la playa. Vas a tener que irte. ¿Pero nos vemos otro día? Dijo Josefina intentando no sonar tan desagradable.

-          Su touch and go de vez en cuando no es malo. Para la otra nos vamos a mi departamento eso sí. Respondió Andrea mientras comenzaba a recolectar su ropa que estaba regada por toda la habitación.

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De regreso a mi departamento

Almorzamos Vicente, Daniela y yo, el tema de conversación giró en torno al nuevo romance entre Josefina y Andrea, ya las veíamos pololeando casi casándose, nos tomamos dos botellas de vino entre los tres -, en realidad entre vicho y yo, porque Dani se tomó con suerte dos copas -, tenía que juntarse con la Jose y no quería emborracharse, estaba algo nerviosa.

Salió del departamento a las 7 de la tarde con 45 minutos. Me dio un suave beso en los labios, me pidió que le deseara suerte y se fue.

Al llegar al restaurante Josefina ya estaba esperándola un tanto nerviosa de pie a la entrada del lugar. Se saludaron un poco cortantes y entraron. Daniela pidió una copa de vino y Josefina un pisco sour.

-          Te he extrañado Dani. Comenzó.

-          Yo también amiga, perdóname por todo, pero no podía seguir negando mis sentimientos. De verdad estoy súper enamorada de Agustina. Le dijo Daniela mientras acariciaba con los dedos la copa. 

-          Si sé. Lo tengo claro y no te llamé para recriminarte nada, entendí que no tengo mucho que hacer. Y también descubrí otra cosa Daniela. Dijo Josefina haciendo una pausa.

Daniela la observaba fijo, esperando que continuara con la conversación.

-          No sé cómo decirte esto Dani. Es que  ni siquiera estoy segura de lo que me está pasando. Pero creo que mi rabia no era por Agustina, creo que era por ti.

Daniela no entendía nada y tenía miedo del rumbo que estaba llevando la conversación. Permanecía en silencio.

-          Parece que estoy enamorada de ti. Que siempre has sido tú. Disparó Josefina como sacándose una daga del pecho. Te quiero tanto que me aterra perderte, siento que no puedo vivir sin ti.


Un largo silencio inundó la mesa y todo el lugar. Se tomaron de las manos, no había mucho que decir. Simplemente se quedaron ahí quietas, confundidas y asustadas. 

miércoles, 24 de agosto de 2016

Capítulo XIII (Segunda Temporada)

Eran cerca de las doce de la noche de un sábado, Daniela me pidió que no fuera al bar a trabajar, que nos quedáramos regaloneando, viendo películas y comiendo algo rico. La verdad para mí era ideal porque así no tenía que mentirle diciéndole al día siguiente que me había resfriado mientras trabajaba, por la congestión nasal que cada día era peor cuando consumía cocaína.

Estábamos recostadas sobre la cama cuando me llama Vicente desde el bar.

-          Adivina quien se apareció por acá, me dijo sin saludar.

Alejé disimuladamente el teléfono de Daniela.

-          ¿Qué pasó? Vicho. Le dije.

-          Acaba de llegar Josefina, justo hoy el día que tenías que trabajar. Que coincidencia más grande. Dijo irónico.

-          Dile que la reina de hielo no fue a trabajar hoy, que se quedó regaloneando en camita con la polola. Le respondí.

Daniela me quedó mirando con cara de “no seas mala”.

-          Sácale información Vicho, hazte el amigo. Le dije.

Nunca supe a qué fue esa noche Josefina al bar, pero lo que ocurrió después me dejó paralizada. Simplemente no lo podía creer. No sólo yo, Vicente que vio todo desde el palco que le ofrecía la barra quedó perplejo e incrédulo…

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Ahí estaba Josefina, sentada sola en un extremo de la barra, mirando a su alrededor como buscando algo; - seguramente a mí o a Daniela -, tomaba pequeños sorbos de un vodka que le sirvió Vicente, más que un hola, ¿cómo estás? No cruzaron palabra. Josefina tenía cara de pocos amigos, de no querer relacionarse con la gente, de simplemente estar ahí, como una especie de materia inerte que se movía solo para trasladar el vaso hacia su boca.

De repente y con la personalidad que la caracteriza se le acercó Andrea que como siempre comenzaba y muchas veces terminaba sus noches entre tequila y jales con Félix.

-          Si buscas a Agustina te aviso al tiro que no vino, le dijo Andrea con tono un tanto irónico.

Josefina la miró molesta.

-          No mates al mensajero, continuó Andrea. Te aviso no más para que no pierdas el tiempo.

-          ¿Y quién te dijo a ti que ando buscando a esa mina? Le respondió con rabia Josefina frente a todos los que observaban la situación intentando no demostrar demasiado interés.

-          Nadie. Pero me imagino. Más pegada que tú no hay dos. Continuó Andrea.

-          Bueno, te equivocas, Agustina ya fue, no me interesa… Ando buscando algo más entretenido. Continuó Josefina un tanto coqueta.

-          ¿Y en qué topamos? Más entretenida que yo no vas a encontrar… Además todo queda en familia… Agus – Andrea… Josefina – Agus… Daniela – Agus… Josefina – Dani… dejó el nombre a la mitad y continuó hablando.

-          ¿Supongo que no te la comiste? A tu amiga, o ex amiga, que se yo.

A Josefina le cambió el semblante, se puso más seria, un poco triste, tomó un  largo trago de vodka y comenzó a hablar.

-          Dejemos de lado el factor común y pasémoslo bien…. Dijo, frente a Vicente que observaba la escena incrédulo.

-          Ok… Me parece bien, respondió Andrea.

Comenzaron a conversar en un  tono más bajo, imposible de entender para los curiosos, al terminar sus tragos entraron al baño, luego desaparecieron del bar abrazadas y entre risas, mientras Félix y Vicente miraban la escena sin poder creer lo que veían sus ojos.

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Vicente llegó cerca de las cinco de la mañana, nos despertó agitado para contarnos la escena de la que fue testigo… Estaba completamente shockeado. “Ni yo soy tan descarado” repetía una y otra vez… “Ni la Agus en sus peores momentos, es que de verdad estoy impactado” decía.

-          A mí, conociendo a Andrea, no me impresiona, le dije. (Aunque por dentro no lo podía creer)

-          A mí sí… Dijo Daniela… Yo conozco a la Jose y no es así, es mucho más selectiva.

-          Yaaaa? La interrumpí. ¿Y Andrea está mala? Continué. ¿Qué más selectividad pretendes?

-          Ah ya! Me respondió Daniela… Pucha que te gusta la mina… ¿Te pusiste celosa acaso?

-          Yaaaa! No las desperté para generar conflicto… Saltó Vicente.

-          Igual fuerte, continué intentando cambiar el foco de la conversación… Josefina y Andrea… ¿Raro cierto?

-          Para mí fue sólo sexo, afirmó Vicente. Pero igual hay que reconocer que es raro… O sea, tu mejor amiga con tu ex que además te odia… No se… En fin, me voy a acostar, yo venía a eso no más…. Buenas noches chiquillas.


Nos quedamos recostadas sobre la cama, con la pieza a oscuras, tomadas de la mano y en silencio. Me sentía incómoda, no puedo explicar lo que me pasó, era extraño y desconocido. Solo se me ocurrió abrazar a Daniela que apoyó su cabeza en mi pecho, ninguna de las dos podía conciliar el sueño. La besé en la frente y le dije que tratáramos de dormir. Al día siguiente con la cabeza más fría iba a ser más fácil analizar la situación que en realidad tampoco entendía muy bien por qué me estaba molestando. 


miércoles, 17 de agosto de 2016

Capítulo XII (Segunda Temporada)

A la mañana siguiente Daniela se levantó en silencio, fue como si toda la ira guardada de la noche anterior, o más bien de los meses de conflicto se hubiera desatado tras las horas de sueño. Nunca antes la vi así, ni en nuestros peores momentos. No era capaz de mirarme, me acercaba y me hacía el quite.

Le preguntaba ¿qué te pasa? Y me decía nada una y otra vez. Hasta que la tomé del brazo mientras iba camino a la cocina a prepararse un café. Quedamos de pie al medio del  pasillo. La abracé con fuerza.

-          Déjame ir a la cocina, me muero por un café. ¿Te hago uno? Me dijo.

-          Amor, ya po. Dime que te pasa. ¿Estas enojada por la Andrea? ¿Quieres que deje de juntarme con ella? Le dije.

-          No Agus, pero entiende que me cuesta relacionarme con la mina con que te acostaste días antes de estar conmigo. Es difícil. Además tuve pesadillas toda la noche, no me puedo sacar de la cabeza esa imagen de ella acostada a tu lado mirándome con cara de triunfo.

-          ¿Te digo la verdad? Yo en tu lugar me muero. Le dije. no sería capaz de soportar imaginarte con otra o con otro. Y por eso te entiendo, pero te juro Dani, que la Andrea es mi amiga. Nada más. Nunca en la vida sentí algo por ella más que cariño. Tú eres la única mujer de la que me he enamorado. De verdad muero de amor por ti. No agrandes lo que pasó anoche. No dejemos que nada empañe lo lindo que estamos viviendo. ¿Por qué mejor nos ponemos a planear nuestro matrimonio?

Daniela me miró divertida recordándome el trato de no apurar las cosas, medio en broma y medio en serio. Luego me dijo que me quedara acostada.

-          Siempre que carreteas amor amaneces como congestionada, como que te resfrías, me estaba diciendo justo cuando sonaba su teléfono.

Las últimas palabras se alcanzaron a escuchar al otro lado de la línea, las decía mientras contestaba su celular. Era Josefina, quien no tardó en hablar.

-          Será por la cantidad de jales que se mete por noche. Le dijo a Daniela. Porque si estás hablando con alguien de nariz tapada obvio que es con la Agustina.

-          ¿De qué estás hablando Josefina? respondió molesta Daniela. Para que tú sepas la Agus ya no consume drogas. Continuó.

Me sentí tan culpable, intenté disimular la cara mientras una especie de pánico se apoderaba de mí. Daniela tomó mi mano para acariciarla al tiempo que me hacía un gesto con la cara como diciendo: “que cizañera que es la Josefina”.

-          Ya Daniela, en fin, me da lo mismo, sólo te llamaba para confirmar mis sospechas, volviste a caer en las redes de la princesa de hielo. Ojalá no te haga sufrir mucho, pero lo dudo. Hasta luego, cosa tuya. Y cortó.

Daniela quedó triste, no era fácil para ella dejarlo todo por mí, perder a su mejor amiga, a todas sus amigas que estaba segura apoyarían a Josefina. Ni siquiera se atrevía a llamarlas.
-          Me dijo que eras la princesa de hielo y que esperaba no me hicieras sufrir. ¿No lo vas a hacer cierto? ¿No me vas a mentir ni a ser infiel Agustina?

-          Nunca amor, jamás, te prometo que voy a dedicar todos los días de mi vida, para siempre a hacerte feliz. Le respondí.

-          ¿En serio? Me dijo.

-          Dani. Desde la primera vez que te vi entrando con Josefina al bar supe que eras tú. Que tú eras el amor de mi vida. Que no había vuelta atrás, nos encontramos y nada ni nadie podía evitar que te convirtieras en lo más importante de mi vida. Ni siquiera nosotras mismas.

-          ¿Ni la droga Agus? La Jose me dijo que amaneces congestionada porque jalas.

-          Si la escuché. Ni la droga Dani. Te prometo que no voy a volver a consumir. Le dije.

-          ¿Anoche jalaste? Me respondió frunciendo el ceño.

Preferí mentirle. Le dije que no. Me sentí culpable pero no quería que nada empañara los días que estábamos viviendo. La tomé entre mis brazos abalanzándola de espalda sobre la cama y comencé a besarla en los labios, la frente, las mejillas, uno tras otro mientras ella reía y me acariciaba la espalda. Luego se levantó y fue por las tazas de café que hace rato había dicho que haría.

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Por mientras en el departamento de Josefina

Eran recién las 11 de la mañana, Josefina le acababa de cortar el teléfono a Daniela. Se levantó hacia el refrigerador, abrió una lata de cerveza, tomó el cenicero y una cajetilla de cigarros a la mitad que estaba sobre la mesa del comedor. Aún quedaban vasos sucios y algunos platos de la noche anterior. Miró el desastre a su alrededor con desinterés y volvió a meterse en la cama. Tomaba sorbos de cerveza mientras repasaba la conversación con Daniela y la imaginaba junto a Agustina.


Intentaba dormir a ratos pero no podía sacarse de la cabeza la imagen de ellas dos juntas, de esa noche en la que descubrió la traición. De los días que se venían. De ese momento en que estaban juntas pasando por encima de sus sentimientos, de lo que a ella le importaba. No podía sacarse de la cabeza la expresión de placer de Daniela. Una expresión que jamás tendría con ella. Esa idea que cruzó fugas por su mente la inquietó ¿qué le dolía más: haber perdido a Agustina o no haber sido ella quien enamoró a Daniela? 


miércoles, 10 de agosto de 2016

Capítulo XI (Segunda Temporada)

Quería ser cien por ciento sincera con Daniela, sólo había un tema por ocultar: mi amor desenfrenado por las drogas. De eso, mejor ni hablar, la opinión de la dani respecto al tema era clara así que decidí guardar ese secreto el mayor tiempo posible.

Estaba claro que dos cosas jamás aceptaría: una infidelidad y las drogas. Con respecto a la primera ningún problema, no necesitaba a otras mujeres, ella me hacía feliz. Pero dejar las drogas, no lo veía posible, quizás sí disminuir el consumo, no todos los días, solo los sábados en el bar y cuando no estuviéramos juntas. Me llenaba de escusas intentando justificarme.

Ah, bueno, se me olvida otro gran tema, que tiene que ver un poco con la infidelidad, pero esta vez tenía un solo nombre: Andrea.

Una tarde fui a buscar a la Dani a su departamento, salimos a tomar helados a providencia, se nos pasó la hora conversando, nos dieron  como las diez de la noche así que se quedó conmigo, la idea era seguir con unas cervezas que pasamos a comprar y ver “Orange Is The New Black” que nos tenía obsesionadas. Nos fuimos caminando y conversando de la vida. Cuando llegamos comenzaron los problemas, estaban Vicente y Andrea en el living, una botella de vino sobre la mesa y música de fondo, estaban instalados en el departamento y claramente no tenían intención de moverse de ahí. Traté de ocultar mi cara de impacto al verla. Como la Dani iba atrás mío Andrea no la vio por lo que se paró y corrió a abrazarme.

-          ¿Cómo ha estado mi campeona?  ¿Supe que la hiciste, hasta que lograste dar vuelta a la hetero? Me dijo riendo sin notar aun la presencia de Daniela continuó hablando ¿y ahora nunca más una cachita?

Al escuchar esa última frase Daniela se paró a mi lado, me tomó del hombro y le dijo:

-          Espero que no. Como que ya fuiste. Nada que hacer linda, ahora la Agus tiene polola.

Andrea hizo un gesto divertido con la cara.

-          Ya. Pásate un rollo, si estoy bromeando, esta mina es mi mejor amiga, como mi hermana chica. Aunque a veces jugábamos un rato. Pero no te preocupes que no me meto en medio de las relaciones de pareja, no es mi estilo. Continuó irónica.

La cara de rabia de Daniela era de otro planeta.

-          Ya córtala Andrea. Le dije. Basta con los palos y la mala onda. ¿Por qué no nos tomamos una cerveza los cuatro, nos relajamos y ustedes dos se conocen? Dije mirando a Daniela.

-          Vamos a tu pieza. Me contestó seria.

Partí tras ella. Al cerrar la puerta comenzó a hablar.

-          ¿Me estas hueviando? ¿Pretendes que sea amiga de tu ex?

-          Dani, no es mi ex. De verdad jamás he sentido nada por ella.

-          Yo las vi de lo más pareja. Que quieres que te diga. La mina empelota en tu cama ¿te acuerdas?  No me mientas por favor. Me repitió varias veces.

-          Daniela por favor escúchame. (Tome su cara entre mis manos para que me mirara fijo). Con Andrea no me pasa nada, es mi mejor amiga, estuvo conmigo cuando peor lo estaba pasando después de que la Jose nos pilló y cuando tú me odiabas. Dale ese mérito. Me acompañó, es mi familia.

-          Me estas pidiendo demasiado Agustina. Ok. Pero a la primera me paro y me voy.

Salimos hacia el living, con Daniela atrás mío aun con cara de poco amigos. Le hice un gesto a Andrea para que me ayudara a relajar el momento y no siguiera con las indirectas e ironías. Vicente comenzó a  preguntarnos qué habíamos hecho en el día para romper el hielo y alivianar el ambiente. Yo fui a buscar un par de cervezas al refrigerador. Sabía que la presencia de Andrea en mi casa tarde o temprano me traería consecuencias negativas y durante toda la noche no pude sacarme esa sensación a pesar de que el ambiente se fue distendiendo poco a poco y terminamos todos muertos de la risa.

En un momento Daniela se paró al baño.

-          Dame una punta, le dije a Andrea.

-          No… Me contesto burlesca… Olvídalo, ahora eres una mujer de familia…

-          Ya po, no te hagas de rogar.

Sacó entre risas un paquete junto con una tarjeta, me dio dos puntas. Me limpié bien, les mostré a ver si tenía algo y seguí como si nada. Daniela no se dio cuenta de mi cambio.


Cuando nos fuimos a acostar lo menos que quería era dormir. Estaba caliente. Pero Daniela, tal como lo imaginé no tenía ganas de hacer nada. Me dio un beso en la mejilla se dio media vuelta y se durmió. Ahí quedé, mirando al techo, con el corazón acelerado y sin lograr conciliar el sueño.