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martes, 5 de noviembre de 2019

Capítulo IV (Tercera parte)


La oscuridad, el silencio y el terror se apoderaron de Agustina, en cuestión de segundos su vida se convirtió en una pesadilla de la que creía ya no podría despertar. Esta vez eran muros y rejas los que se le venían encima, ahí, en esa celda no habían ventanas desde las que pudiera saltar. Quizás debí haberlo hecho, pensó, debí haber cedido a mis instintos y abalanzarme sobre aquel ventanal que burlesco me incitaba a saltar, a dejarme caer al vacío, a terminar de una vez con todo. Pero ya era tarde. Ahora estaba muerta en vida.

En esa celda solitaria la noche parecía nunca acabar, durante varias horas intentó infructuosamente realizar una llamada, sin embargo los policías a su alrededor parecían no escucharla, hasta que una mujer de no más de 30 años se acercó a ella, apoyada entre los barrotes comenzó a hablarle. Al principio Agustina no entendía sus palabras, era como si estuviera balbuceando palabras en otro idioma, un lenguaje desconocido y distante, el alcohol y las drogas revoloteaban aún en su cabeza, sus manos temblaban, la visión se le había tornado borrosa, sentía náuseas y a la vez intentaba enfocar su atención en la sargento que le conversaba.

-          Hay cosas que yo por más que intente nunca voy a entender y esta es una de ellas ¿Me puedes explicar que hace una chiquilla como tu vendiendo cocaína? Dijo la mujer, mientras Agustina hacía esfuerzos sobrehumanos por no vomitar.

-          Necesito hacer una llamada, tengo derecho a llamar a alguien, con esfuerzo balbuceó Agustina.

-          Si claro, tienes todo el derecho a llamar a quien quieras, pero te estoy preguntando otra cosa. Continuó la sargento, ¿qué hacías en ese bar de mala muerte? ¿cómo te fuiste a meter en algo así?

Agustina se quedó en silencio, ella tampoco sabía bien en qué momento entró en ese túnel sin salida. La policía la quedó mirando fijo, como esperando una respuesta que en el fondo sabía no iba a llegar.

-          Bueno, acá está  tu celular, haz la llamada.

Rápidamente Agustina buscó a Vicente entre sus contactos, no quería preocupar a Daniela y estaba segura que sus padres jamás la ayudarían.

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Como hace años no ocurría Vicente dormía plácidamente cuando sonó su celular. Se despertó sobresaltado, miró la pantalla y al ver que era Agustina pensó en no contestar, de seguro quiere invitarme a un after, dejó el teléfono sobre su velador, se dio una vuelta y se dispuso a seguir durmiendo.

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-          No contesta, ¿puedo intentarlo de nuevo? Preguntó Agustina.

-          La última vez. Le respondió la sargento.

-          Gracias.

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Nuevamente el ringtone del celular despertó a Vicente, lo mejor era contestar, de seguro Agustina está en llamas carreteando y no me va a dejar en paz, pensó.

-          Estoy durmiendo, le dijo al contestar.

-          Estoy presa respondió Agustina. De fondo se escuchó la voz de la sargento: “detenida”. Bueno, detenida Vicente, estoy en la PDI.

Vicente se levantó de un salto.

-          ¿Qué pasó?

-          Se metieron al bar y pillaron cocaína que tenía Félix. Contestó Agustina.

-          Ya. Voy a llamar a tus papás y me voy para allá.

-          No por favor no los llames, estoy en la PDI de Infante, vente por favor, sácame de acá. Respondió Agustina. Al tiempo que la sargento la apuraba para que cortara el llamado.

Vicente quedó paralizado, no sabía qué hacer y aunque dudó unos segundos decidió llamar al padre de la Agus, sin embargo y tal como ella imaginó el hombre rechazó ayudarla.

-          Le di todo, educación, valores, cariño, una vida estable y ordenada, ella fue quien decidió irse de la casa, involucrarse con mujeres, no terminar la universidad y trabajar en ese antro y a pesar de eso seguí ayudándola económicamente. Ahora que se las arregle sola, de nosotros no va a saber más. Respondió el padre de Agustina y le cortó el teléfono bruscamente a Vicente que se quedó hablando solo.

Viejo de mierda desnaturalizado, pensaba el vicho mientras se vestía.

Al llegar a la PDI no pudo ver a Agustina, sí le dejaron entrarle una chaqueta para que se abrigara, ya estaba amaneciendo y hacía frío. Los policías le informaron que pasaría por la mañana a control de detención y le dieron un solo recado de la Agus: “no llames a Daniela” sin embargo, cerca de las ocho de la mañana Vicente no aguantó más y decidió avisarle, mal que mal era la novia de su amiga.

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Como todas las mañanas en la casa de Daniela estaba la familia sentada en el comedor de diario ubicado a un costado de la cocina tomando desayuno cuando suena su teléfono. Sintió un fuerte mareo y una punzada en el corazón al escuchar lo que Vicente le estaba contando. Se paró apresurada ante el asombro e inquietud de sus padres y salió corriendo para reunirse con Vicente en el Centro de Justicia.

Llegó con los ojos hinchados, apenas podía contener las lágrimas, abrazó a Vicente al tiempo que le preguntaba qué ocurrió. Lo único que él sabía es que la descubrieron vendiendo cocaína a un grupo de clientes del bar. Daniela quedó paralizada.

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Agustina estaba sentada en una banca de madera ubicada al fondo de la celda, tenía la mente en blanco, miraba fijamente una mancha en el piso cuando llegó un policía que le dijo con voz fuerte que se pusiera de pie frente a los barrotes de la reja, le pasaron un fétido chalequín amarillo desgastado que en su espalda decía en letras grandes IMPUTADO, y le ordenaron poner las manos de frente para esposarla, lo mismo hicieron en sus pies.

El traslado hacia el centro de justicia fue aterrador pero mucho más todo lo que ocurriría algunas horas después. Ingresó escoltada por gendarmes por un subterráneo donde la encerraron en otra celda, era más oscura que la anterior y el olor era indescriptible, frente a ella y tras un vidrio se le acercó una abogada, era quien la representaría durante la audiencia de control de detención. Agustina tuvo que relatarle todo lo ocurrido la noche anterior, cómo entregó el papelillo con cocaína a los clientes del bar, cuando encontraron el resto de la droga, dónde estaba. La abogada, hacía preguntas y Agustina respondía intentando ordenar sus ideas.

-          Está bien complicada tu situación, dos kilos de cocaína es tráfico y lo más probable es que te pidan prisión preventiva, sentenció la defensora pública ante la mirada de pánico de Agustina que aún intentaba caer en la realidad de lo que estaba ocurriendo.

Un par de horas más tardes llegó un gendarme para subirla a su control de detención. Al entrar a la sala de audiencia Agustina buscó con la mirada a Vicente quien la observaba intentando disimular su preocupación, luego vio a Daniela, con los ojos llenos de lágrimas al verla caminar esposada de pies y manos, no pudo sacarse esa mirada de la cabeza, todo a su alrededor se volvió turbio, se sintió caminando en medio de una espesa neblina. De repente escuchó una voz lejana que le hablaba insistentemente. Era la magistrado.

-          Señorita, señorita, ponga atención aquí ¿entendió los hechos por los cuales se le está formalizando? No le estoy preguntando si es culpable o no, solamente si entendió.

-          Agustina salió de su sopor y respondió que sí, aunque no había escuchado nada de lo que se habló.

-          Ok, dijo la magistrada. Ministerio público ¿medidas cautelares?

-          Debido a la gravedad del delito, la cantidad de drogas y la pena asignada a este vamos a solicitar prisión preventiva. Dijo el fiscal.

-          Defensa. Continuó la magistrado.

-          Esta defensa se opone en atención a que la imputada no cuenta con antecedentes penales anteriores, lo cual hace plausible entender que para ella este procedimiento terminará lo más probable en uno abreviado, lo cual significa que se impondrá una pena inferior a los 5 años lo cual la hace acreedora a la posibilidad de una condena en libertad, entendiéndose así que la prisión preventiva resulta extremadamente gravosa pudiendo cautelarse todos los fines del procedimiento con otra cautelar de menor intensidad como por ejemplo la del arresto domiciliario nocturno. Replicó la abogada.

-          Ok, oídas las partes, este tribunal va a resolver.

Agustina escuchaba a la magistrado sin entender más que un bla bla bla medida cautelar, bla bla bla peligro para seguridad de la sociedad, bla bla bla delito gravísimo como el tráfico de estupefacientes y lo peor y más chocante y que sí entendió claramente fue: se decreta la prisión preventiva para ambos imputados. Ni siquiera había notado que tenía a Félix a su lado. Lo miró de reojo, él observaba el suelo en silencio. Luego volteó hacia su abogada como esperando haber entendido mal.

-          ¿Qué significa? Le preguntó.

-          Que quedaste presa hasta nuevo aviso, respondió su defensora.

Un gendarme la hizo ponerse de pie para sacarla de la sala, no se atrevió a mirar a Vicente y Daniela que entre lágrimas la observaban desde el público.


lunes, 28 de octubre de 2019

Capítulo III (Tercera parte)


Llegué a mi casa cerca del mediodía del lunes, nunca había desayunado en familia me sentía rara y feliz. Ojalá podamos hacer esto mismo en nuestra casa le dije a Daniela mientras la acompañaba a la escuela de teatro aferrada a su mano. Ella sonrió. Hace algunos meses a ninguna de las dos ni siquiera se nos cruzó por la cabeza que terminaríamos como una verdadera pareja compartiendo con sus padres, despertando abrazadas, viviendo el día a día como si fuéramos una pareja normal, como si en mí hubiera algo de normal. Una normalidad que lamentablemente no duraría mucho tiempo.

Ese lunes en el que todo parecía un sueño hecho realidad acabaría de golpe tras regresar a casa. Una decisión cambiaría mi futuro para siempre.

Dejé en la puerta de su escuela a Daniela, nos besamos como si no hubiera nadie a nuestra alrededor, la miré subir las escaleras hacia la entrada y me regresé caminando, sonriendo, escuchando música y cantando como si nada ni nadie pudiera sacarme de ese paraje repleto de ilusiones en el que se estaba convirtiendo mi vida. Paso a paso iba construyendo una vida y un mundo, desayunos en la cama, almuerzos conversados, cocinando juntas, llegando por las tardes a contarnos el día, decorando juntas nuestro departamento, incluso nos imaginé adoptando un perro, invitando a sus padres a comer, noches interminables haciendo el amor, besos y abrazos hasta dormirnos.

Así llegué al departamento, Vicente y Andrea conversaban en el living mientras se tomaban unas cervezas, me senté en la alfombra frente a ellos, abrí una botella y les pregunté de qué hablaban.

-          Renuncié el bar. Dijo Vicente. Me ofrecieron un trabajo mucho mejor, más dinero, más tranquilidad y sobretodo menos peligros. Yo que tu Agus renuncio también. Continuó.

-          Ahora  que estas con Daniela deberías pensar en volver a estudiar, en buscarte un trabajo de día, en alejarte del copete y la coca. Agregó Andrea.

La verdad no había pensado en el bar ni el carrete durante varios días, Dani me hacía feliz, con ella me sentía completa, pero no era cosa de llegar y dejar el bar, aunque tampoco era una mala idea.

-          Lo voy a pensar, les dije.

-          No lo pienses, hazlo. Insistió Andrea.

-          Ok. En verdad tienen razón, debería irme de ahí, así no la cago de nuevo, pero igual voy a darle unos días a Félix para que encuentre gente. No podemos dejarlo botado los dos. Dije mirando a Vicente.

-          Bueno Agus, haz lo que quieras. Dijeron ambos casi a la par.

Luego les conté todos los detalles acerca de mi domingo con la familia de Daniela, de lo buenas personas que eran y de lo feliz que por primera vez en años estaba. Conversamos toda la tarde, pedimos unas pizzas para celebrar el nuevo trabajo de Vicho y ya entrando la noche llegó Daniela que se pudo feliz cuando le conté que estaba pensando dejar el bar, nunca le gustó el ambiente y no le tenía confianza a Félix, lo culpaba a él de todos mis excesos, porque aunque intentaba bajarle el perfil a la situación y simplemente mirar para otro lado, sabía que yo ahí consumía cocaína, lo que nunca imaginó es que fuera tanto y menos hasta donde estaba involucrada con todo lo que ocurría en el lugar. Le prometí que le daría una semana para que consiguiera un nuevo equipo de trabajo y luego buscaría algo que me mantuviera alejada del carrete. Vicente y Andrea apoyaron completamente mi decisión. Por primera vez mis mejores amigos y mi novia estaban completamente de acuerdo. La noche continuó entre cervezas, pizzas, conversaciones y risas.

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Ese miércoles abrimos como siempre a eso de las 8, como sabíamos que sería una noche lenta nos preparamos unas piscolas y un par de rayas para animarnos y como decía Félix “compartir” (bueno es mi despedida de los jales pensé mientras inhalaba ese polvo blanco que durante años me dio de todo, alegría, éxtasis y también dolor).

A eso de las 9 de la noche llegaron las primeras mesas, en una había un grupo de viejos clientes del local y en la otra una pareja a la que nunca habíamos visto. Ella pidió una copa de champagne y él un ron con coca cola, me llamó la atención que a pesar de que pasaba el rato apenas tocaron sus tragos. Pero bueno, no todos eran como yo o los clientes habituales, la gente hace durar sus copas, pensé. Al tiempo que iba a la cocina, me armaba unas líneas y conversaba con Félix. En eso, la pareja me pregunta si tenemos algo para comer.

-          Hoy está cerrada la cocina, le respondí.

-          Estás bien dura, me dice ella.

Sólo atiné a reírme de manera nerviosa, al tiempo que el grupo de la otra mesa me pedía otra ronda. Félix me mandó los tragos con dos bolsas de cocaína que dejé disimuladamente bajo una servilleta. Al regresar a la barra la pareja se pone de pie, sacaron sus armas y gritando nos ordenaron acostarnos en el suelo.

-          Al suelo, al suelo mierda, manos sobre la cabeza. Gritaban al tiempo que entraban 4 policías armas en mano.

Todo se tornó borroso, mi mente estaba en blanco. Los gritos, las armas, los susurros, Félix recostado a mi lado. Los otros clientes. La policía registrando el lugar.

-          Abre las piernas me ordenaba una mujer, al tiempo que violentamente me las separaba, comenzó a tocarme a registrar mis bolsillos. Dos paquetes chicos tiene la princesa dijo en voz alta.

-          Y este otro ladrillo replicó alguien a sus espaldas al tiempo que lanzaba sobre mi espalda uno de los paquetes que Félix guardaba en la cocina. Sentí una fuerte patada en las costillas. 

-          De pie. Gritaban. Pero a esas alturas ya no estaba segura si me lo decían a mi. 

-      Párate mierda. Manos en la espalda. Sentí las esposas frías envolver mis muñecas, estaba mareada. Aterrada. Alguien tomó mis brazos con fuerza y me puso de pie. 

De ahí todo se volvió silencio. Esta vez sí había cruzado al otro lado de la línea.





jueves, 17 de octubre de 2019

Capítulo II (Tercera parte)


8:30 am y aún no lograba conciliar el sueño, llevaba una semana así, desesperada, sin saber nada de Daniela, fui varios días a su escuela pero no estaba, sus compañeros me dijeron que no se aparecía en clases hace varios días, ellos también estaban preocupados. Incluso llamé a Josefina pero no me contestó el teléfono. La angustia me estaba matando. Pensé incluso en llamar a comisarías y hospitales, llegué a pensar que estaba muerta o que tuvo un accidente ¿pero cómo nadie me iba a avisar? Nooo me repetía, es imposible. ¿Habré hecho algo que le molestó? Me lo estaba cuestionando todo.

Mi mente desvariaba entre todos los posibles escenarios que justificaran su desaparición cuando sonó mi celular. Al ver su nombre en la pantalla sentí una mezcla de alivio, miedo y rabia.

-          Aló. Dije con ganas de llorar.

-          Perdona Agustina, comenzó a balbucear Daniela. Perdóname por no haberte llamado. Continuó.

Me quedé en silencio un momento.

-          Agus, amor, sé que debes estar enojada, te entiendo, yo también lo estaría, pero por favor escúchame, tengo muchas cosas que contarte, estos días han sido terribles. ¿Puedo ir a tu casa?

-          Vente. Respondí con voz seca.

No deben haber pasado más de 20 minutos cuando llegó Daniela, me estaba saliendo de la ducha, aún no me vestía. La hice pasar a mi pieza ya que Vicente aún dormía. Intentó darme un beso pero le corrí la cara, ya a esas alturas la preocupación se había convertido en enojo ¿a quién en su sano juicio se le ocurre desaparecer así? Pero intenté mantener la calma, quedarme en silencio y dejarla hablar.

La historia del repentino amor de Josefina me pareció extraña. Algo está tramando le dije. Daniela ya no sabía qué pensar. Mi primer impulso fue llamarla, insultarla, amenazarla, obligarla a alejarse de mi vida, de mi novia, del bar y de mis amigos, pero no lo hice sólo porque Dani me lo pidió. Sin embargo, una extraña sensación quedó rondando en mi interior.

Durante un par de semanas las cosas se mantuvieron en calma, Daniela se pasaba después de clases a mi departamento, a veces cuando tenía ensayo yo me iba a acompañarla un rato a su escuela que quedaba a algunas cuadras del bar. Luego, según el día me iba a trabajar o juntas a tomar un trago, algo tranquilo y hasta temprano, yo estaba tratando de hacer las cosas bien, de mantener distancia con la cocaína y el exceso de alcohol, lo que no era fácil debido al “negocio” de Félix, que guardaba en una rejilla de desagüe en la cocina la droga que vendía durante la noche, yo lo ayudaba dividiéndola en bolsas de 1 gramo a cambio de consumo ilimitado.  Obviamente Daniela de eso no tenía ni la menor idea.

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Domingo 10 am

Era primera vez en mi vida que me tocaba conocer a los suegros, la noche anterior decidí quedarme en casa para evitar las ojeras y el exceso de congestión nasal, sabía que no era material de nuera si llegaban a conocerme bien, pero podía fingir, podía por algunas horas ser la joven bien portada y señorita que siempre fui en casa de mis padres, antes de que descubrieran mi lesbianismo y decidieran ocultarme de sus vidas perfectas.

Daniela llegó temprano a mi departamento, sabía que estaba nerviosa y quería evitar que me arrepintiera. Trató de relajarme, hacerme reír, incluso aprovechamos el tiempo para hacer el amor. Sus besos, su piel, su sonrisa, sus palabras y sus caricias eran mi centro, mi piso y mi fortaleza.

Al entrar a su casa me tomó de la mano, caminamos hacia la cocina donde su mamá estaba preparando unas ensaladas, me saludó con ternura mientras yo intentaba disimular los nervios, luego fuimos hacia el jardín interior donde su papá preparaba un asado mientras los gemelos jugaban a la pelota.

-          Papá, ella es Agustina, dijo Daniela.

-          Bienvenida a la familia, contestó él mirándome, espero hagas feliz a mi hija, continuó.

Los gemelos también se acercaron a saludarme. Mientras Daniela sacaba del frigobar a un lado de la parrilla un par de botellas de cerveza. No hubo silencios incómodos, sí varias preguntas acerca de lo que hacía y mis planes a futuro, aunque no tenía muy claro qué hacer con mi vida, les dije que el año siguiente regresaría a estudiar comunicación audiovisual, carrera a la que me inscribí varios años atrás pero que nunca comencé.

Esa noche me quedé a dormir en casa de Daniela, se nos había hecho tarde y sus padres prefirieron que me quedara. Nunca antes me había acostado a dormir tan tranquila y feliz. Esta vez sí las cosas comenzarían a salirme bien.


martes, 15 de octubre de 2019

Capítulo I (Tercera parte)


Las mañanas de Daniela eran ajetreadas, ruidosas y conversadas, sus hermanos gemelos de 14 años, aún con voz aguda desayunaban animados al ritmo intermitente del pitido de sus celulares, eran populares, alegres y de muchos amigos.  Vivían en una de las pocas casonas que todavía quedaba de pie entre los edificios de las calles interiores de providencia. Sus padres que llevaban 25 años de matrimonio parecían amarse como el primer día, él era ingeniero y trabajaba en una empresa constructora, ella psicóloga independiente. Tenían una única y gran regla, los desayunos y la comida de la noche debían ser siempre en familia.

Sin embargo, esa mañana Daniela estaba más callada de lo habitual, se le veía triste y pensativa. Su madre le preguntó si extrañaba a Tomás, ella le contestó que no con un gesto de cabeza sin levantar la vista de su tazón de café con leche. Ambos padres se miraron desconcertados, los adolescente alzaron la vista hacia su hermana por un segundo, para luego regresar a sus celulares. El padre los apuró, estaban atrasados para ir al colegio.

-          ¿Te dejo en el metro Daniela?, le preguntó.

Ella nuevamente negó con la cabeza. La familia se puso de pie para dar inicio a sus actividades diarias, Daniela permaneció inmóvil. Tras despedirse de todos la madre regresó a la cocina, se sentó al lado de su hija en el comedor de diario. Acarició su mano.

-          ¿Qué te pasa Dani? preguntó.

Daniela sintió un impulso incontrolable de contarle todo, de Agustina, de la conversación que había tenido hace algunas noches con Josefina, del miedo incontrolable que estaba sintiendo de quedarse sola, de que no la aceptaran, de perder a sus amigas (aunque ya varias se habían alejado tras la noche en que la Jose la descubrió con Agus). Pero se contuvo por un momento.

-          Hija ¿extrañas a Tomás? ¿Por qué terminaron si se querían tanto? ¿Fue por la distancia? Continuó su madre.

Daniela ya no podía seguir así. Juntó fuerzas, respiró profundo, levantó la vista hacia su madre y comenzó a hablar.

-          No es por Tomás mamá, es porque lo que te dijo Josefina es verdad. Disculpa por haberlo negado, por haberte mentido, es que tenía miedo mamá, tenía miedo de que dejes de quererme, de que me miren distinto o me echen de la casa. Dijo con los ojos llenos de lágrimas.

La madre estaba muda, atónita, se había auto convencido de que la historia de Josefina acerca de su hija teniendo una relación con su pareja era mentira. Quizás era lo más fácil de creer. No hay nada más poderoso que la auto negación.

-        Intenté alejarme de ella, te lo juro mamá. Pero no pude, estoy enamorada, y no sé qué hacer porque me estoy quedando sola. Le dijo llorando. Y más encima el otro día Josefina me dijo que está enamorada de mí y  es mi mejor amiga ¿qué hago mamá? Continuó.

Muy al contrario de lo que se imaginó Daniela tras la reacción anterior de sus padres que terminó en gritos y discusiones por varios días, ahora su madre simplemente la abrazó, besó su frente y le dijo que nunca estaría sola porque los tenía a ellos. Le pidió que le contara a su padre y le prometió que todo estaría bien, que contaba con su apoyo y el de la familia.

-          Y respecto a Josefina creo que lo mejor es que tomes distancia por un tiempo si no sientes nada por ella. Si estás bien con Agustina no pienses en nadie más. Le aconsejó su madre.

Daniela sentía que se estaba sacando un peso del alma, se secó las lágrimas, abrazó a su mamá, tomó su bolso y se fue a la escuela de teatro. Mientras caminaba hacia el paradero de micro buscó su celular, lo encendió y llamó a Agustina, no hablaba con ella desde lo sucedido con Josefina.


miércoles, 31 de agosto de 2016

Capitulo XIV (final de la segunda temporada)

A la mañana siguiente continuábamos en silencio, no sabíamos que decir, estábamos recién analizando y suponiendo historias venideras acerca de una posible relación entre Andrea y Josefina. Daniela rompió el hielo.

-          Bueno, quizás así Josefina se olvida de sus ganas de destruirte la vida…

Yo sólo la miré mientras me levantaba al baño. No tenía ganas de hablar, igual me dolía pensar en que mi mejor amiga se haya acostado con mi ex, no sé, quizás era solo ego, pero hay códigos que supuestamente no se deben romper.

Vicente que no alcanzó a llegar al baño antes que yo decidió entrar a mi pieza, aún quedaba un punto que aclarar con Daniela, un tema que no lo dejaba tranquilo, se sentó sobre la cama, le dio un beso en la mejilla y comenzó a hablar.

-          Dani, te quería hacer una pregunta, es que hace un tiempo, cuando recién se supo lo tuyo con la Agus te escuché hablando por teléfono, ibas saliendo del edificio y dijiste “ya está hecho, veamos si engancha” ¿A quién fue eso y por qué? Te pregunto porque de verdad no quiero ver sufrir a mi amiga otra vez. Sé que no es ninguna santa pero no quiero volver a verla mal.

Daniela lo quedó mirando en silencio unos segundos.

-          Estaba hablando con Josefina y me refería a Agustina… Vicho queríamos vengarnos de ella por lo que creíamos nos hizo. Pero, eso ya pasó, la Agus ya sabe. No tengo nada que esconder.

Cuando salí del baño estaban sentados conversando, sentí paz y felicidad al ver a mis dos personas favoritas juntas, esa era la vida que quería tener, el mundo que hace tanto tiempo soñaba. Me abalancé sobre la cama al medio de los dos. Pensar que hace menos de un año con Daniela nos hablábamos con  miradas, nos besábamos a escondidas y nos expresábamos como por telepatía y ahora la tenía ahí recostada a mi lado, amándome como desde el día uno yo la amé a ella. Sentía el corazón repleto de felicidad y emoción. Esa mujer de mirada profunda y rasgos estremecedores se había adueñado de mi alma y estaba totalmente segura de que no había vuelta atrás.

Mis pensamientos divagaban en ese amor que conmovía cada centímetro de mi piel cuando sonó el teléfono de Daniela, era Josefina.

-          Contéstale, le dije.

Daniela miraba dudosa la pantalla de su celular hasta que se decidió a contestar.

-          Hola Dani, soy la Jose. Necesito hablar contigo. Juntémonos por favor, le dijo.

Le hice un gesto con la cabeza para que aceptara la invitación de Josefina. Quedaron de reunirse esa misma tarde a las ocho en un restaurante cercano a mi departamento.

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Esa misma mañana en el departamento de Josefina

 Llamó a Daniela encerrada en el baño, no quería que Andrea que aún dormía desnuda sobre su cama la escuchara. Estaba incómoda y confundida. Quería despertarla y pedirle que se fuera. Se quedó sentada un rato sobre la tasa del WC pensando en alguna manera de echarla diplomáticamente.

Al salir Andrea que estaba comenzando a despertar la tomó del brazo y la arrastró hacia ella.

-          Se logró el objetivo, le dijo risueña. Eres bien buena para la cama. De lo que se perdió Agustina, no entiendo cómo te cambió por la otra pava. Aunque dicen que esas son las peores, santas de día y unas putas de noche.

-          Cállate Andrea. le respondió Josefina cortante. No hables tonteras, ese tema no está resuelto todavía.

-          Ok, ok perdón, suelo decir lo que pienso sin filtro.

-          Andrea, en cualquier momento llegan mis papás de la playa. Vas a tener que irte. ¿Pero nos vemos otro día? Dijo Josefina intentando no sonar tan desagradable.

-          Su touch and go de vez en cuando no es malo. Para la otra nos vamos a mi departamento eso sí. Respondió Andrea mientras comenzaba a recolectar su ropa que estaba regada por toda la habitación.

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De regreso a mi departamento

Almorzamos Vicente, Daniela y yo, el tema de conversación giró en torno al nuevo romance entre Josefina y Andrea, ya las veíamos pololeando casi casándose, nos tomamos dos botellas de vino entre los tres -, en realidad entre vicho y yo, porque Dani se tomó con suerte dos copas -, tenía que juntarse con la Jose y no quería emborracharse, estaba algo nerviosa.

Salió del departamento a las 7 de la tarde con 45 minutos. Me dio un suave beso en los labios, me pidió que le deseara suerte y se fue.

Al llegar al restaurante Josefina ya estaba esperándola un tanto nerviosa de pie a la entrada del lugar. Se saludaron un poco cortantes y entraron. Daniela pidió una copa de vino y Josefina un pisco sour.

-          Te he extrañado Dani. Comenzó.

-          Yo también amiga, perdóname por todo, pero no podía seguir negando mis sentimientos. De verdad estoy súper enamorada de Agustina. Le dijo Daniela mientras acariciaba con los dedos la copa. 

-          Si sé. Lo tengo claro y no te llamé para recriminarte nada, entendí que no tengo mucho que hacer. Y también descubrí otra cosa Daniela. Dijo Josefina haciendo una pausa.

Daniela la observaba fijo, esperando que continuara con la conversación.

-          No sé cómo decirte esto Dani. Es que  ni siquiera estoy segura de lo que me está pasando. Pero creo que mi rabia no era por Agustina, creo que era por ti.

Daniela no entendía nada y tenía miedo del rumbo que estaba llevando la conversación. Permanecía en silencio.

-          Parece que estoy enamorada de ti. Que siempre has sido tú. Disparó Josefina como sacándose una daga del pecho. Te quiero tanto que me aterra perderte, siento que no puedo vivir sin ti.


Un largo silencio inundó la mesa y todo el lugar. Se tomaron de las manos, no había mucho que decir. Simplemente se quedaron ahí quietas, confundidas y asustadas.